El rubí es considerado una de las cuatro piedras preciosas junto con el diamante, la esmeralda y el zafiro. En las culturas antiguas era una piedra de protección, un amuleto que protegía a su portador de cualquier desgracia. Simbolizaba la fuerza interior, el amor y la pasión. Su nombre proviene del latín ruber y debe su color rojizo al hierro y cromo que contiene esta variedad de corindón. Se llama rubí a los corindones rojos y zafiros a los corindones de cualquier otro color.

El rubí no solo es utilizado como piedra preciosa en joyería, donde tiene un uso mayor es en relojería ya que por su dureza resiste el desgaste por fricción y esta característica es muy útil en los relojes mecánicos. También tiene aplicaciones de tipo industrial para crear láseres, concretamente el láser de rubí.

Los rubís de mayor tamaño y pureza pueden alcanzar una cotización mayor que diamantes del mismo tamaño. Los tanzanos y los de Malaca son los más valiosos.

Hay rubís sintéticos, creados en laboratorio pero fundamentalmente se utilizan en relojería.